Encaje de bolillos: el mundillo,
el picado y los puntos que sostienen la labor
Stontetri reúne notas escritas junto al mundillo: cómo se prepara el picado, cómo se devanan los bolillos, qué ocurre con la tensión del hilo cuando cambia la temperatura de la sala y por qué una pieza bien plegada se conserva durante décadas. Son textos de trabajo, ordenados por temas, para leer despacio con la labor delante.
El encaje de bolillos se aprende con las manos, pero se entiende mucho antes si alguien explica qué hace cada alfiler y por qué el hilo se comporta como lo hace.
Aquí no hay cursos ni material a la venta: solo explicaciones abiertas, escritas en castellano y pensadas para quien empieza o retoma la labor.
I
El mundillo, los alfileres y el picado
La almohadilla es la mesa de trabajo del encaje. En buena parte de España se la llama mundillo, y su forma cambia según la tradición: cilindro giratorio en el norte, almohadilla plana con rodillo en Castilla, cojín rectangular relleno de paja o serrín prensado en talleres de Galicia. Lo que no cambia es la exigencia básica: debe estar duro. Un relleno blando cede bajo el alfiler, el dibujo se deforma poco a poco y el error solo se ve cuando ya hay diez centímetros de labor hechos.
Sobre el mundillo se fija el picado, la cartulina donde está dibujado el patrón y perforado el lugar exacto de cada alfiler. Conviene que sea cartulina de cierto cuerpo, cubierta con papel vegetal o plástico fino para que no se ablande con el roce de los hilos. El picado se perfora con una aguja gruesa montada en un mango, apoyando el papel sobre una superficie que permita que la aguja pase limpia: un trozo de corcho o de goma sirve bien. Los agujeros deben ser algo más estrechos que el alfiler, para que este entre a presión y se mantenga vertical.
Los alfileres tampoco son un detalle menor. Los de latón no oxidan y no manchan el hilo si la labor se queda montada semanas; los de acero pueden dejar una marca parda difícil de quitar. Se clavan siempre con la misma inclinación —ligeramente hacia atrás respecto al avance de la labor— y a la misma profundidad, porque de esa regularidad depende que el borde del encaje salga recto.
II
Devanar los bolillos y gobernar la tensión
Los bolillos trabajan siempre en pares y se devanan de dos en dos, dejando el hilo continuo entre ambos. Se sujeta el bolillo por el mango, se gira en un solo sentido y se enrolla el hilo en el cuello con vueltas juntas, sin montar unas sobre otras. Un devanado desordenado se sale, se enreda con el par vecino y obliga a parar cada pocos minutos.
La cantidad de hilo depende de la pieza: para un encaje estrecho basta con un metro o metro y medio por bolillo; para una labor larga conviene cargar más y evitar empalmes en mitad del dibujo. El hilo sobrante se recoge con un nudo corredizo o media vuelta sobre el cuello, que se suelta con un tirón suave cuando hace falta soltar más largo.
Señales de que la tensión no está bien
- El punto queda abierto y se ven los alfileres a través del tejido.
- El borde se estrecha o se ensancha respecto al picado.
- Los pares saltan del cruce al retirar el alfiler.
- El hilo forma bucles sueltos al tirar del par contrario.
- La labor se levanta del mundillo en lugar de quedar plana.
La tensión no se corrige tirando fuerte, sino repartiendo: se estira cada par por separado, en el sentido en que trabaja, después de cada alfiler y antes de continuar.
III
Punto de lino, red y trenza: el vocabulario mínimo
Casi todo el encaje de bolillos se construye con dos movimientos, cruzar y torcer, combinados en distinto orden. De esa combinación salen tres elementos básicos que aparecen, con nombres locales distintos, en prácticamente cualquier patrón.
Punto de lino
Es el tejido denso, el que forma las zonas macizas del dibujo. Un par viajero pasa a través de los pares fijos cruzando y pasando alternativamente, como una trama a través de una urdimbre. Al terminar la fila se clava el alfiler, se cierra el punto y se vuelve en sentido contrario. Bien hecho, el resultado se parece a una cinta de tela y no deja huecos regulares entre hilos.
Punto de red
Es la malla transparente que rellena los fondos. Aquí los pares se cruzan una sola vez y se tuercen entre cruce y cruce, de modo que aparecen huecos regulares en diagonal. El número de torsiones entre cruces cambia la densidad: con una torsión la red queda cerrada, con dos o tres se abre y el fondo gana aire. Ese dato debería anotarse siempre en el margen del picado, porque a simple vista dos redes distintas se confunden.
Trenza
Dos pares que avanzan juntos repitiendo cruzar y torcer forman un cordoncillo estrecho que recorre el dibujo de un punto a otro. La trenza une motivos, dibuja las nervaduras de una hoja y sostiene los fondos de barritas. Cuando lleva un lazo o una hojita intercalada, se convierte en el elemento decorativo más versátil de todo el repertorio.
IV
Leer el picado antes de empezar
Un picado no indica solo dónde va cada alfiler: indica también cuántos pares entran por cada lado, dónde cambia el punto y por dónde salen los pares que ya no se usan. Antes de montar la labor conviene recorrerlo entero con el dedo, marcar con lápiz los cambios de punto y contar los pares de inicio. Muchas equivocaciones no son de manos, sino de lectura.
Si el patrón viene sin indicaciones, se puede reconstruir observando la dirección de los agujeros: las zonas densas concentran perforaciones alineadas en pares muy próximos, los fondos de red las reparten en diagonal regular y las trenzas dejan una línea de agujeros aislados y espaciados.
Comprobaciones antes del primer alfiler
- El picado está fijado sin arrugas y sin tensión desigual.
- El número de pares coincide con el que pide el arranque.
- Todos los bolillos están devanados con el mismo hilo y el mismo grosor.
- Los pares están colgados en orden, sin cruces heredados del montaje.
- Hay alfileres suficientes del mismo tipo para toda la repetición.
- La luz cae de frente o desde el lado contrario a la mano que trabaja.
V
Encaje continuo y encaje de piezas unidas
Las dos grandes familias técnicas se distinguen por algo muy concreto: cuántos pares están en la labor a la vez. En el encaje continuo, todos los pares entran al principio y recorren la pieza entera de un extremo al otro. Es la lógica de las puntillas y entredoses: el dibujo se repite, el número de pares se mantiene y el trabajo avanza en línea. Exige orden, porque cuarenta o sesenta bolillos colgando piden una disciplina estricta al apartar los pares que no se usan.
En el encaje de piezas unidas se trabaja con pocos pares —a menudo seis u ocho— que dibujan una cinta continua. Esa cinta se va enganchando sobre sí misma o sobre partes ya hechas con un ganchillo finísimo, que pasa por el ojal del punto anterior y cierra la unión con un par. Así se construyen motivos grandes sin aumentar el número de bolillos, y por eso permite formas libres: hojas, tallos, contornos que giran sobre sí mismos.
La elección no es de gusto, sino de dibujo. Un patrón geométrico y repetido pide encaje continuo; un motivo curvo y cerrado se resuelve mucho mejor con cinta y enganches.
VI
Hilos de lino y de algodón: grosores y correspondencias
El hilo decide el carácter del encaje más que ninguna otra elección. El lino es el material histórico: poco elástico, algo irregular al tacto, con un brillo mate que envejece bien y una resistencia que soporta lavados repetidos. Cuesta más de trabajar porque no perdona la tensión desigual, pero mantiene el punto exactamente donde se dejó. El algodón mercerizado es más dócil, más regular y más brillante; se recomienda para las primeras labores y para piezas que se van a manipular a menudo.
La numeración funciona al revés de lo que parece: cuanto mayor es el número, más fino es el hilo. Un lino del 16 o del 20 sirve para muestras de aprendizaje y encajes de gran formato; del 40 al 60 es el terreno habitual de las puntillas domésticas; a partir del 80 se entra en labores finas que exigen buena vista, luz directa y alfileres muy delgados.
La regla práctica es sencilla: el hilo tiene que corresponder al picado. Si los agujeros están muy juntos y el hilo es grueso, el tejido se abulta y el dibujo se pierde; si el hilo es demasiado fino para la separación de los alfileres, la labor queda floja y transparente donde debería ser maciza. Antes de empezar una pieza larga conviene tejer un palmo de prueba con el mismo hilo y el mismo picado.
- Lino 16–20. Aprendizaje, muestrarios, encajes decorativos de trazo grueso.
- Lino o algodón 40–60. Puntillas, entredoses, ropa de casa.
- Lino 80–120. Labores finas, aplicaciones, piezas de pequeño formato.
- Algodón mercerizado. Buen comportamiento en las primeras labores y en piezas de uso frecuente.
VII
Retirar la labor del mundillo
El momento de sacar la pieza es el que más piezas estropea. Antes de tocar nada, se rematan los pares: se anudan de dos en dos con nudo llano ajustado al último punto, o se pasan con ganchillo por el borde para esconderlos. Solo después se retiran los alfileres, siempre en el orden en que se clavaron y tirando en línea recta, nunca de lado.
Los hilos se cortan dejando un margen de dos o tres centímetros, que se rematará al lavar o se coserá al montar la pieza. Si el encaje se ha quedado montado mucho tiempo, conviene revisar el reverso a contraluz: las marcas de alfiler suelen desaparecer con el lavado, pero un alfiler oxidado deja una mancha que hay que tratar antes de guardar.
VIII
Lavado, almidonado y conservación
- Lavar a mano en agua templada con jabón neutro, sin frotar ni retorcer.
- Aclarar hasta que el agua salga limpia y presionar entre dos toallas.
- Almidonar con almidón suave, escurriendo el exceso antes de colocar la pieza.
- Secar en plano sobre una superficie limpia, sujetando el contorno con alfileres inoxidables.
- Planchar por el revés con paño, sin arrastrar la plancha sobre los relieves.
- Guardar enrollada sobre un tubo forrado de papel neutro, no doblada.
Un almidonado excesivo vuelve el encaje quebradizo y con el tiempo amarillea el hilo. Para piezas que se van a conservar sin uso, conviene prescindir del almidón.
IX
Herramientas y organización del espacio de trabajo
El equipo básico cabe en una caja pequeña, pero cada elemento tiene una razón de ser. El mundillo debe apoyarse en un soporte estable que lo mantenga inclinado hacia quien trabaja, de modo que los bolillos caigan por su propio peso sin arrastrar la labor. La altura importa tanto como la iluminación: si hay que inclinar el cuello para ver el picado, las sesiones largas se vuelven imposibles.
La luz debe ser difusa y llegar por delante o por el lado contrario a la mano dominante, para que la propia mano no proyecte sombra sobre los alfileres. Una lupa de sobremesa con luz propia ayuda a partir de los hilos finos, aunque conviene usarla solo para revisar y no de forma continua.
- Mundillo firme y soporte que lo mantenga inclinado y quieto.
- Bolillos del mismo modelo y peso para toda la labor.
- Alfileres de latón, guardados separados por longitudes.
- Ganchillo fino para uniones y remates.
- Punzón o aguja montada para picar cartulinas.
- Tijeras pequeñas de punta fina, reservadas al hilo.
- Paño limpio para cubrir la labor entre sesiones.
- Cuaderno para anotar número de pares, hilo y torsiones de cada picado.
Cubrir el mundillo al terminar es una costumbre que evita la mitad de los problemas: protege del polvo, impide que la luz directa amarillee el hilo y mantiene los pares en el orden en que se dejaron. Volver a una labor bien tapada es empezar donde se quedó; volver a una labor descubierta suele empezar por deshacer.
X
Qué se publica en Stontetri
Stontetri es un proyecto informativo dedicado exclusivamente al encaje de bolillos. Los textos se organizan alrededor de las mismas cuestiones que aparecen en el taller, y se amplían a medida que hay algo concreto que explicar.
- Preparación del mundillo, fijación del picado y elección de alfileres.
- Devanado de los bolillos, empalmes y control de la tensión.
- Elementos básicos: punto de lino, punto de red y trenza, con sus variantes.
- Lectura de picados y anotación de cambios de punto.
- Hilos de lino y algodón, numeración y correspondencia con el patrón.
- Encaje continuo y encaje de piezas unidas con ganchillo.
- Remate, retirada de la labor, lavado, almidonado y conservación.
- Herramientas, iluminación y organización del espacio de trabajo.
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